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Toluca de Lerdo, Méx., a 5 de marzo de 2025.- Día triste vivió ayer el fútbol americano de México, al adelantarse en el camino, uno de sus más grandes y últimos ídolos. Nos referimos al excelso corredor de bola de los Pumas (1967-1969) y Cóndores de la UNAM (1970-1972), Guillermo Leonardo Lino Velázquez.
Nacido el 26 de octubre de 1943 en la ciudad de Toluca, Leonardo Lino, antes de incursionar en el fútbol americano, practicó el atletismo, basquetbol y beisbol, pero el llamado deporte de las tackleadas lo atrapó cuando el legendario coach Alberto «Chivo» Córdoba lo canalizó a esta actividad, sin saber lo que significaría en su vida deportiva como jugador y como entrenador.

Su incursión en el fútbol americano se dio en la categoría intermedia de los Potros Salvajes de la Universidad Autónoma del Estado de México, cuando estudiaba la preparatoria y en el año de 1967, se unió a la Horda Dorada de la UNAM, al mando del coach Manuel Neri, ganándose la nominación al Novato del Año, además de coronarse con los felinos del Pedregal.
Vino el infausto año de 1968, en el que no hubo temporada de fútbol americano y la UNAM, al no aceptar la división en varios equipos que le propuso el Instituto Politécnico Nacional, no compitió en la temporada 1969 de la naciente Liga Colegial, en la que se coronaron los Búhos de Medicina-Biología del IPN, por lo que los Pumas tuvieron varios juegos internacionales en los Estados Unidos de Norteamérica, en los que Leonardo Lino tuvo destacadas actuaciones que lo proyectaron como un líder en el equipo.
Fue entonces que en 1970, vino la reestructuración del fútbol americano de la UNAM, naciendo las Águilas Reales, los Cóndores y los Guerreros Aztecas, compitiendo en la Liga Colegial, en donde los Cóndores, al mando del coach Neri, conseguirían el primero de los nueve títulos que lograron en su historia y en el que Lino, apodado «La gacela del Pedregal» fue importante pieza ofensiva en dicho logro, así como en el Clásico que ganaron por 24-3 a los Burros Blancos del IPN, con dos pases de anotación a él.

Su retiro como jugador de liga mayor se dio en el año de 1972, en el que Leonardo sufrió una fuerte tackleada en el juego contra los Borregos Salvajes del ITESM, que lo dejó inconsciente por veinte minutos y la mandíbula fracturada que hizo necesario ponerle un prótesis de titanio. Su último juego se dio en un atiborrado Estadio Azteca con más de cien mil asistentes, al jugar el Clásico contra los Burros Blancos, que para su infortunio no les favoreció, perdurando en la memoria de los que lo vieron jugar, el inconfundible jersey con el número 33 que utilizó con los pedregalinos.
En el año de 1978, tras el fallecimiento de Alberto «Chivo» Córdoba, la Universidad Autónoma del Estado de México, designó a Leonardo Lino, entrenador en jefe del programa de fútbol americano de los Potros Salvajes, logrando la nominación como Coach del Año por la naciente Organización Nacional Estudiantil de Fútbol Americano (ONEFA).


